Estudio
                                        A Carlos Chávez
La sandía pintada de prisa
contaba siempre
los escandalosos amaneceres
de mi señora
la aurora.
Las piñas saludaban el medio día.
Y la sed de grito amarillo
se endulzaba en doradas melodías.
Las uvas eran gotas enormes
de una tinta esencial,
y en la penumbra de los vinos bíblicos
crecía suavemente su tacto de cristal.
¡Estamos tan contentas de ser así!
Dijeron las peras frías y cinceladas.
Las manzanas oyeron estrofas persas
cuando vieron llegar a las granadas.
Los que usamos ropa interior de seda...
dijo una soberbia guanábana.
Pareció de repente que los muebles crujían...
Pero ¡si es más ruido que las nueces!
Dijeron los silenciosos chicozapotes
llenos de mujeres.
Salían
de sus eses redondas las naranjas.
Desde un cuchillo de obsidiana
reía el sol la escena de las frutas.
Y la ventana abierta hacía entrar la montaña
con los pequeños viajes de sus rutas.

pellicer
Carlos Pellicer

Carlos Chávez pertenece al linaje espiritual que hizo posible ese espléndido Renacimiento hispanoamericano que alcanzó su plenitud en los años posteriores a la Revolución Mexicana. Creo que bien podemos colocar ese periodo dentro de lo que Lezana Lima llamó las Eras Imaginarias; en esos años esenciales, Reyes va a los orígenes del lenguaje en su edición del Cantar del Cid; Vasconcelos fija el destino final de la raza; los dioses remotos parecen reencarnar, a millares, en los peones hieráticos de los grandes muralistas; las ruinas y las piedas hablan, los viejos romances fronterizos y guerreros vuelven a cobrar vida en los corridos de la Revolución y asumiéndolo todo, en un misterioso umbral, como en el centro de esa épica alucinada, aparece Emiliano Zapata.

Carlos Chávez reinventa los modos griegos en la Sinfonía de Antígona, reinventa la música indígena en la Sinfonía India y la forma musical, con su principio de la no repetición en la Invención para piano; reinventa a Chopin en sus Estudios para piano y las grandes formas clásicas en la Passacaglia de la Sexta Sinfonía; organiza un cosmos rítmico en la Toccata y Tambuco para percusión, se acerca, con mirada nueva, a la ópera y al concierto; explora nuevas regiones sonoras en Resonancias y Pirámide; poco queda que no haya sido tocado, magistralmente, por esta tenaz voluntad creadora.

Su música de piano desde las Siete Piezas compuestas de 1923 a 1930, hasta sus últimos Preludios, lo sitúa entre los grandes innovadores de las posibilidades del instrumento; sus seis sinfonías y los conciertos de piano y violín lo colocan entre los primeros sinfonistas del siglo. Por si esto fuera poco, hay que añadir su gran talento como director, su extraordinaria labor pedagógica, que hizo posible dos generaciones de compositores, su dedicación a impulsar la nueva música en México y su gestión por la cultura desde la Dirección de Bellas Artes.

Julián Orbón

La bonhomía, la inteligencia, el genio artístico-creador, la sabia persistencia, la claridad de mente, la verticalidad de principios, la pasión por la institucionalidad, el don pedagógico y de mando, la habilidad administrativa...son cualidades del hombre público ideal. Rara vez se dan en la vida real con la evidencia con que se reunieron en Carlos Chávez.

Su ejemplo ha de ser positivamente un faro en múltiples disciplinas, para las generaciones del futuro. En México, en música, se habla ya de antes y después de Chávez. Su nombre es el centro de polémicas pero también el vértice de todas las corrientes de búsqueda importantes en este país, tan necesitado de inventar una tradición musical.

Con todo, la verdadera medida de Chávez es su universalidad. Esta desborda los homenajes nacionales y lo sitúa en el plano de los grandes creadores contemporáneos.

Que México sepa enaltecer la memoria de un hombre que nació en este país, pero que se ganó en 60 años de vida fecunda la ciudadanía del mundo, que es la de los hombres superiores.

Mata
Eduardo Mata

Chávez ha triunfado como compositor por su integridad, y padecido por ello también. Nunca buscó estar a la moda, antes bien mantuvo consistentemente la rigurosa personalidad de su propia voz. Ha sido devoto a su arte con la misma lealtad con que ha distinguido siempre a sus amistades.

Bernstein
Leonard Bernstein

Carlos Chávez y yo fuimos amigos y colegas por espacio de medio siglo. Durante ese lapso, su papel como compositor, director de orquesta y principal animador de la vida musical en su país es ahora parte de la historia de la música.

Es imposible imaginar la escena musical mexicana sin su liderazgo. Ambos nos sentimos compañeros de lucha, en el deseo de que la vida artístico-musical de nuestros países se uniera al siglo XX.

Su contribución como director de orquesta, maestro y líder de la vida musical y cultural de México por media centuria será siempre recordada. Pero sobre todo, Carlos Chávez hubiera desesado, justificadamente, ser recordado como compositor. Como una vez escribí: Por encima de su estilo, áspero o sueva, es la música de una personalidad, la más impresionante de nuestro tiempo.

Copland
Aaron Copland

Carlos:
A nuestra generación le tocó en suerte restituir al arte sus valores fundamentales, puestos a un lado por quienes en su afán de servir al movimiento político revolucionario encontraron la manera más fácil de hacerlo sometiéndolo a una función que no era la suya y por consiguiente coartándole su libertad que es precidamente el asiento de su grandeza.

Nuestra tarea fue pues muy difícil y sirvió de fácil blanco a la demagogia.

No obstante eso, creo que logramos nuestro objetivo y así, particularmente tú y yo que caminamos juntos desde nuestra primera juventud tras de nuestro bien definido ideal, logramos destacarnos con nuestro trabajo que tuvo la fortuna de ser reconocido universalmente.

Te tocó en suerte irte antes que yo a una vida que se supone es mejor que ésta, y en la cual se supone también que las cosas suceden a un nivel superior, esto es, donde por lo menos la envidia ya no ha de incomodar con sus pequeñas molestias como lo hace en este mundo y sobre todo en esta región nuestra.

Yo seguiré aquí por algún tiempo más y afortunadamente sin sentirlas, porque con el tiempo, se me ha hecho la piel dura como se te hizo a ti también mientras estuviste entre nosotros.

Así pues, seguiré adelante sin inmutarme y sólo quiero decirte que, cuando llegue mi turno, allá en la otra vida, caminaremos otra vez juntos para completar nuestra obra pues sabes bien que en esta vida el tiempo es corto e insuficiente para realizar lo que uno hubiera querido hacer.

De manera pues que hasta luego mi querido Carlos.

Tamayo
Rufino Tamayo

Conocer a Carlos Chávez, estar cerca de él y de sus enseñanzas y de su amistad fue para mí un privilegio y un gran honor que nunca olvidaré.

A él debo gran parte de lo que sé y de lo que soy en el campo de la música.

Chávez, como maestro, nunca me negó su consejo ni sus enseñanzas. Fue mi amigo, pero además, se portó como un padre, porque en mi época de estudiante me orientó y me ayudó a resolver los problemas económicos y morales que me agobiaron.

Carlos Chávez fue un director de orquesta de fama internacional, un admirable organizador, un pedagogo, un escritor y conferenciante, pero para mí y sobre todas las cualidades es el compositor más importante y más representativo de México en lo que va del presente siglo; sus obras, realizadas con gran maestría, serán más apreciadas a medida que sean más escuchadas.

Galindo
Blas Galindo